sábado, julio 14, 2007

 

Indicios decadentes

Algunas veces aparecen indicios decadentes en las cuatro esquinas de mi pequeño mundo: la cisterna del water que no conoces se resiste con contumacia a cumplir su cometido, y por muchas veces que tires, el agua sigue sin fluir con contundencia, y en su lugar sólo existe un fino hilo, constante y rumoroso, burlón; empiezan a quemarse, con sincronía poderosa, todos los electrodomésticos de la casa y si por la mañana es el Bimby el que dice basta, por la tarde es la Petronilla la que, en medio de la tarta, señala con olor a eléctrico quemado que acaba de dictar sus últimas voluntades, y entre ellas no se encuentra la de encontrar el justo punto de cocción; hay una mancha roja, que misteriosamente ha aparecido de entre toda la colección de ropa, y ha ido a elegir el único pantalón blanco, y resistir desde ahí, parapetada entre barricadas de nieve, todos los ataques químicos de productos de publicidad milagrosa y evidencias que no lo son tanto, junto a los físicos (Anna se suele aplicar con dedicación, frotando en el baño, y nada consigue hacer desaparecer la mancha roja: ni el amor (amore mio, perque sei tanto cattiva?) ni el odio (ma va fan culo, stronzo, i miei pantaloni...).
Sin embargo, sin que nadie sepa porqué, hay otras veces que esos indicios se transfiguran en sus opuestos, y todo comienzan a ser acordes de una misma sinfonía, en el que el Bimby toca el oboe, y el yogurt aparece con la cremosidad justa, mientras la Petronilla sabe cuando llega la percusión, y la saluda con el hojaldre más airoso posible, y la cisterna ríe con contundencia y precisión el final de nuestras deposiciones...

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